La Connotación del Lenguaje

Ayer por la tarde, en un bar. Estábamos celebrando un cumpleaños y sobre la tercera cerveza o el segundo Margarita Frozen, saltó la chispa: “Es que estoy harta! De que las palabras relacionadas con el sexo masculino tengan connotaciones positivas, mientras que las palabras asociadas al sexo femenino tienen connotaciones negativas. El lenguaje es machista!”.

Al principio no entendía. Hay palabras masculinas y femeninas con connotaciones positivas y negativas: la paz y la guerra o el cielo y el infierno. De hecho muchas palabras necesitan de un contexto, de unos complementos, para tener un significado negativo o positivo. Como la ambición o el orgullo.

– Por ejemplo: – dice ella – eres cojonudo. Tiene claramente un significado positivo y es masculino.

– Cómeme la polla es femenino y también tiene un significado positivo – le digo yo.

– Será para ti – me responde. Pero es que además no estás entendiendo nada (esto me suele pasar a menudo). Quiero decir – continúa – que las palabras asociadas a partes del cuerpo humano, tienen connotación positiva si son del cuerpo masculino. Y connotación negativa si son del cuerpo femenino.

Me cita un ejemplo. Sin haberlo pedido. Señal de que mi cara aún mostraba desconcierto ante semejante jeroglífico:

– Esto es la polla – dice – es que algo mola, que es guay. En cambio, esto es un coñazo significa que es un tostón. Y los chicos tienen polla y las chicas tenemos coño. ¿Lo entiendes ahora?

– Yeah! Sí, lo entiendo. Pero me parece un poco exagerado lo que dices.

La grada se anima y los murmullos ascienden a griterío…

Bien pensado, no hay tantas partes del cuerpo de los tíos y de las tías que sen diferentes. Así que encontrando alguna que rompa este supuesto ya estoy equilibrando un poco…

– Pasarlo teta – exclamo. Es absolutamente positivo.

Silencio. Reflexión. Tímidos asentimientos y negaciones a la par.

– ¡Tocada y hundida! – Exclama el único chico en la mesa a parte de mi. Y que también es el único que me apolla apoya en todo esto.

– ¡Es que no entiendes nada! ¡Esto es una excepción! – recibo al cabo de un rato. – Porque no me negarás que el lenguaje es claramente machista. Por ejemplo: zorro puede significar audaz, mientras que zorra equivale a puta.

– Entiendo… – respondo – Aunque esto parece un caso distinto a lo que hablábamos antes.

– No. ¡Es lo mismo! Que el lenguaje es machista.

Se acabaron los Margarita Frozen y dejamos del local. Suerte, porque tampoco sabía muy bien como salir de ahí…

Ahora, tras un poco más de reflexión creo que el lenguaje en sí no puede ser machista ni feminista. Lo puede ser la sociadad que lo usa, a través de la interpretación que le da.

Pero lo más importante es que no creo que haya ninguna intencionalidad en todo esto. Se me hace muy difícil pensar que hay un complot para transmitir el machismo a través del lenguaje. Y si no hay intención, no debe haber rabia. O lucha.

Me da la sensación de que se trata de una evolución natural del lenguaje, que además poco tiene que ver con el machismo. Al menos directamente.

Decir tacos o palabras malsonantes en sociedad era poco frecuente y estaba muy mal visto. El uso extendido de esta palabrería es bastante reciente. Y que un chico insulte a una chica aún se me hace raro. Ni te digo hace 20 años…

Parece que el significado, en el caso de este vocabulario tan arragaido ya a nosotros, se diluye con su uso. Cuando gilipollas se oía muy poco era un claro indicador de que alguien había llegado al límite de su paciencia. Y se percibía como una alerta de conflicto. Evidentemente si todo el mundo utiliza esta palabra a menudo, la señal de alerta disminuye. Es como el ruido del aire acondicionado o del extractor, que al encenderlo sobresalta, pero al que luego te acostumbras.

Por otro lado, el sexo masculino, hasta donde yo recuerdo, ha sido mas dado a utilizar estas palabras. Y por lo tanto su significado se ha erosionado en mayor grado con el tiempo.

No es raro oír “que perro eres”. Pero no estan común como “eres una perra”. Y reconozco que cada día están más igualados. Pero es indudable que hace unos años la diferencia de uso era abismal.

Así que ahí lo tenemos: el lenguaje no es machista, si no que ha seguido una evolución. Y tampoco creo que haya nada contra lo que luchar tan fervientemente desde el punto de vista del sexismo (bien! podemos aprovechar esa energía y capacidad a otros temas, también importantes, como el reparto de los alimentos en el planeta). Para resolver esta diferencia bastará con que el sexo femenino extienda el uso de estas palabrotas. Y en breve puta se podrá aplicar con connotaciones positivas. Igual que puto.

O quizá lo mejor sería que todos utilizásemos menos este lenguaje, que una vez fue malsonante. Que lo encerremos en aquellos contextos a los que pertenecía originalmente. Y entonces, cabrón vuelva a ser un insulto que advierta de un posible conflicto. Igual que cabrona.

Así también resolvemos el conflicto feminista (según la R.A.E.). Y de paso, tal vez, sintamos un gran alivio. Al igual que cuando se apaga el ruido del aire acondicionado o del extractor, al que ya nos hemos acostumbrado.

Gracias por unas risas y hacerme pensar G.

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